La empresa familiar: retos y objetivo

Nuestra organización comenzó su andadura hace 50 años con la asociación de varias organizaciones del sector logístico; pero son ya más de 2 décadas que se reestructuró el accionariado, de forma que pasó a ser una organización familiar compuesta por un grupo de pymes tanto en el ámbito estatal como internacional.

No es posible prever lo que nos deparará el futuro, pero a nivel deseo, uno querría que el grupo de empresas continuase siendo gestionado por miembros de la familia, con capacidad formal para marcar los objetivos del Grupo. En pocas palabras, disponer de la mayoría del capital en las empresas “base”. Esto, independientemente de otras participaciones de cuyos consejos de administración formemos parte.

El futuro de todo proyecto empresarial pasará forzosamente, ya lo vienen siendo, por un proceso de digitalización cuyo alcance no es posible prever, dado será un actor de avance y actualización constante. Todos los sectores estarán sometidos a él, sin el cual no habrá futuro posible.

Nuestra organización hace años que creó una sociedad que desarrolla procesos informáticos, cuya finalidad es la actualización permanente de nuestros sistemas de digitalización, al tiempo que desarrolla plataformas logísticas digitales de “la última milla” para terceros (clientes). Y creemos estar en el buen camino pues contamos con multinacionales que utilizan nuestros servicios.

Todos sabemos que el proceso de digitalización avanza a pasos agigantados y que debemos adquirir los medios necesarios para no quedarnos obsoletos; de ahí que nosotros contemos con el apoyo de profesionales especializados conocedores de las últimas tecnologías.

Otro aspecto al que prestamos especial atención es el buen hacer societario, la ética empresarial o el compromiso con los stakeholders. La empresa no puede limitarse a buscar la rentabilidad, aunque ello está impreso en su ADN; debe asumir otros compromisos con su entorno: empleados, clientes, proveedores, medio ambiente, instituciones, etc. Existe un código ético que debe cuidarse tanto de lo laboral como del medio ambiente y DDHH; y debemos tratar de ser ejemplo en dicho cometido. Todavía su cumplimiento es básicamente voluntario, pero tanto el Parlamento de Estrasburgo como la Comisión Europea van avanzando con los borradores de la nueva legislación, cuyo cumplimiento será exigido a toda empresa sin tener en cuenta su tamaño.

Por otra parte, hay otro aspecto que deberemos analizar en el futuro: la colaboración entre competidores. Y no me refiero a los conocidos lobbies u olvidados clusters, me refiero a colaboraciones directas entre empresas a fin de generar sinergias y reducir costes.

Hace muchos años que los ciudadanos europeos tenemos derechos adquiridos para trabajar en cualquiera de los países que componen la Unión, pero esto se ha quedado corto y tenemos que mentalizarnos para dar la bienvenida a ciudadanías de otros continentes que nos abran a nuevas culturas.

Las regulaciones europeas deberán adecuarse para acoger de una forma más abierta, aunque regulada, a los que quieran venir a vivir y trabajar con nosotros. Quizás al principio muchos deberán hacerlo en puestos poco cualificados, pero sus hijos obtendrán los mismos grados que los nuestros y con ello estarán capacitados para asumir cualquier nivel laboral. Ello se nos hace imperativo, primero porque en muchos casos se lo debemos debido al saqueo que durante la colonización hicimos con sus materias primas y segundo, porque necesitamos población joven que sustente nuestro sistema de seguridad social.

La sociedad occidental en general ha alcanzado niveles de bienestar jamás conocidos en todos los campos de la ciencia; sin embargo los sistemas económicos neoliberales aplicados durante las cuatro últimas décadas nos conducen a un consumo desorbitado con consecuencias desastrosas para el medio ambiente, desprotección y empobrecimiento de amplias capas de población, limitación de los DDHH…

Debemos congratularnos de que nuestra juventud a nivel global nunca estuvo mejor preparada que ahora. La cuestión es, si esa juventud esta dispuesta a asumir compromisos de calado que conlleven también la creación de empresas. A pesar de las críticas que con frecuencia recibe el empresario, a veces con razón, de distintos agentes sociales; es incuestionable que el empresario asume compromisos que pocos están dispuestos a asumir.

Por ello la empresa familiar que con frecuencia supone un gran porcentaje en la generación de riqueza; si quiere mantener el control de la empresa, tendrá que preparar a sus descendientes para que asuman el rol de sus mayores. De lo contrario, la capacidad de gestión directa irá disminuyendo, el capital diluyéndose y la empresa familiar perderá su carácter.

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Kepa Azarloza

Presidente de VASCO